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SOCIEDADES NARCISISTAS

¿ES UNA SOCIEDAD NARCISISTA LA NUESTRA?

¿VIVIMOS EN UNA SOCIEDAD NARCISISTA?

 

Para definir narcisismo necesitamos remitirnos a la mitología griega con la historia de Narciso, quiénn fue castigado por los dioses por su egoísmo y su vanidad. Rechazó con desprecio a hombres y mujeres que se enamoraban de él, hasta que se vio reflejado en un lago y quedó prendado de su propia imagen. Se quedó absorto mirándola, se acercó tanto para besarla y poseerla que cayó al agua y se ahogó.

El mito del bello y egoísta Narciso nos ofrece un apunte de lo que es la personalidad narcisista: Además del egoísmo, el narcisista se caracteriza por la escasa empatía hacia los que le rodean, la superficialidad de sus objetivos y una gran necesidad de sentir que agrada a los demás, o que es mejor que ellos. La persona narcisista “trabaja” de cara a la galería: busca siempre verse físicamente mejor que nadie, y eso le lleva a cuidarse mucho físicamente, incluso a invertir en operaciones quirúrgicas que pueden llevarle a consecuencias poco sanas. Asimismo su lucha es la del éxito profesional y económico, para poder destacar socialmente y rodearse de personas que pueden depender de ella, lo que le va a gratificar su ego, una autoestima absolutamente disfuncional.

Si adaptamos este perfil a nuestra sociedad occidental actual, podemos ver que coinciden muchas cosas.

 

En la segunda mitad del siglo pasado, la familia dejó de lado el autoritarismo y la exigencia que había caracterizado la educación en nuestra sociedad hasta entonces, para pasar a seguir un estilo educativo más democrático-permisivo: los padres-amigos, que razonan con los niños las pautas educativas, y que  les conceden el gobierno de esas mismas pautas cuando ya son adolescentes, por no discutir o para evitar conflictos.

Como consecuencia, podemos observar la creciente  necesidad de ver realizados sus deseos rápidamente, de lo contrario hay frustración y rabia. Muy a menudo es evidente una pérdida de respeto hacia los mayores que transforma vínculos sanos y estables fundamentales para el crecimiento emocional del niño, y que se deberían consolidar entre las generaciones. Pérdida o confusión de los valores tradicionales, conceptos ético- morales poco sólidos y consecuente dificultad en el establecimiento y consolidación de relaciones tanto familiares, como de amistad y pareja.

Actualmente la mayoría de las consultas de familias con adolescentes suelen tener estos perfiles: Las familias acuden en demanda de ayuda porque tienen dificultad en manejar la situación.

La dificultad de gestionar las conductas de los niños y/o adolescentes, en menor grado se refleja en la escuela, ya que es el único lugar en el que perviven normas claras y límites consecuentes., la escuela se encuentra con que tiene que afrontar el enfado de la familia ante una sanción impuesta al alumno.

Un valor que sería de suma importancia y ayuda en los centros educativos es la enseñanza de asignaturas humanistas. Efectivamente, los adolescentes resulta que no son tan “tontos”, y aprecian materias como literatura y filosofía que les enseñan a pensar y a debatir sobre valores que, normalmente, ellos ni se plantean. Cuando el adolescente se da cuenta de que sabe reflexionar sobre temas más profundos y, lo que es más importante, entiende que es capaz de sacar conclusiones, se siente agradablemente recompensado, y eso le resulta motivador, además de darle otro tipo de referentes.

 

Sin embargo, debemos de tener en cuenta que la familia sigue siendo el entorno educativo que influye en mayor grado en como será el futuro adulto.

 

Si dirigimos nuestra mirada al entorno social, nos damos cuenta de que esta tercera pata tan importante, sobretodo para el adolescente que está estructurando su personalidad, cojea muchísimo por el lado de la cultura del esfuerzo, la solidaridad, y el mirar hacia “afuera”, hacia el otro. En los medios, sobretodo televisión, series, y redes sociales, se estimulan constantemente los valores narcisistas: la persona tiene que ser guapa, joven, rica y tener éxito social (ser popular, en los colegios), para lograr la felicidad completa. De lo contrario, fracasa. En todas las redes sociales prevalece la cultura del “MÍRAME!”…. se puede constatar fácilmente a través de las fotografías que se envían constantemente. Los comentarios que se añaden a esas fotos pueden favorecer, o castigar… de ahí el cyberbullying!

Si añadimos los modelos de referencia quiénes son y cómo se comportan, tendremos más material con el que completar el argumento. 

Evidentemente no todo el mundo funciona así, por suerte! Pero sí que es preocupante la cantidad de gente joven que está funcionando de esta manera. Personas que, en teoría, aparentan mucha seguridad en sí mismas, pero que son realmente un escaparate, una máscara de lo que realmente son. 

 

La persona narcisista se pone una máscara para ser quien no es, porque no sabe, o teme, indagar dentro de sí mismo y ver su realidad enfrentándose a ella. Nuestra sociedad funciona en base al consumismo, el ganar más dinero, la necesidad del ser aceptado por muchos, el brillo que hay que dar para agradar y el tapar lo que no nos gusta, que nos llega sin remedio….¿Qué es lo que quiere esconder la sociedad?¿Qué no le agrada de sí misma?

 

En un mundo proveniente de un estilo educativo autoritario y tendente, en la actualidad, a un estilo educativo extremamente democrático-permisivo, las sociedades narcisistas se construyen evitando curar las heridas y cubriéndolas con necesidades excesivas y superficiales.

 

La solución según los más entendidos es la EDUCACIÓN.

Una de las aproximaciones etimológicas del verbo EDUCAR se refiere al acto de extraer y acompañar o conducir. Es decir, educar a la persona desde su potencialidad hacia fuera y no al revés.

Para la pandemia NARCISISTA, la vacuna no se inyecta sino que se activa desde el mundo interior de nuestros niños para hacerse evidente en las relaciones de las personas, consigo mismas, con los demás y con el mundo.

 

“Vivimos en un mundo donde el funeral importa más que el muerto, la boda más que el amor y el físico más que el intelecto. Vivimos en la cultura del envase, que desprecia el contenido”. Eduardo Galiano

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