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LA SOLEDAD

Si buscamos en las redes frases de personas célebres sobre la soledad, nos encontramos con expresiones que alaban la soledad y hacen escarnio del ser humano: “Solo salgo para renovar la sensación de estar solo” (Lord Byron); claro que él tuvo una infancia que sería raro que no desconfiara de la gente! Otras frases alaban la Soledad : ”La Soledad es la gran talladora del espíritu”Federico García Lorca”. Otras transmiten el desespero del que se siente solo y no desea estarlo: “Vivir sola es como estar en una fiesta en donde nadie te hace caso” (Marilyn Monroe).

La soledad construye o destruye, nos conduce al placer o al dolor, depende de cada persona.

La soledad que construye es la que tenemos por elección libre. El placer de estar solo, de conservar un espacio propio en el que podemos reflexionar, o atender a nuestros pequeños vicios o aficiones solitarias, siempre es eso: un placer que, emulando a García Lorca, talla nuestro espíritu y lo enriquece.

La soledad no elegida, la que sufrimos porque padecemos algo que nos limita la interacción con otras personas, o porque vivimos una situación que nos ha tocado sin quererlo, es la soledad que puede destruirnos si no la cambiamos.

Quiero ser capaz de estar sola, encontrarlo nutritivo, no una simple espera”, dice Susan Sontag: Busca esa soledad constructiva y rechaza la soledad que únicamente está a la espera de compañía.

Podemos hablar de la soledad patológica; es aquella en la que entra la persona que tiene miedo a los demás, a que la juzguen y la excluyan. Es el deseo de ser aceptado junto al temor, aún mayor, a ser rechazado. La persona que se siente asi, quiere acercarse, pero se acerca mal, porque teme, y el miedo la bloquea, y logra, paradójicamente, que suceda precisamente lo contrario a lo que desea: su forma de acercarse al otro adquiere una forma que es interpretada por los demás como un “necesito tomar distancia de ti, no estoy preparada para acercarme”, por lo que logra quedarse alejada de los demás. Y la profecía se cumple: hay soledad no deseada, pero sí elegida. La emoción básica en este tipo de soledad es el miedo.

Sentirse amenazado por los demás es otra de las causas de la soledad patológica. La necesidad de aislarse para no sentirse agredido, porque en mi cabeza existe una creencia de que eso va a pasar. Es el grano de arena que se convierte en montaña, el incidente que, en el interior de esta persona, se transforma en una situación altamente conflictiva y la reacción es de enfado. La emoción básica en este caso es la rabia: Rabia porque me van a hacer daño!

La soledad del dolor la conocemos casi todos. Está contenida en la tristeza de la pérdida, de la separación de un ser querido, del alejamiento obligado. La depresión nos induce a la soledad; es la renuncia a todo lo bueno de la vida, el encierro dentro de mí mismo para sentir sólo el dolor y hundirse en él. Evidentemente la emoción básica en este caso es el dolor.

En la sociedad actual el que está solo es un marginado, un friki. El que está solo está mal visto, porque refleja una imagen de poco éxito en la vida. Por este motivo se habla de una sociedad actual narcisista, que quiere ser contemplada y alabada, que profundiza poco y en constante búsqueda de placer.

Durante esta pandemia que estamos viviendo, la sociedad se ha visto obligada a prescindir a menudo de las relaciones; la familia, y en ocasiones tampoco eso, ha sido lo único que hemos podido contactar. Hemos imitado a los jóvenes adolescentes y hemos comenzado a interactuar por las redes con nuestros amigos; se ha tenido que abandonar el contacto físico y la proximidad. Esta situación ha obligado a muchos a estar consigo mismo, lo que ha sido muy positivo para unos, pero negativo para otros.

Los adolescentes y la gente joven han sido los que han salido mal parados, ya que han perdido un tiempo precioso de relacionarse y autoafirmarse, como corresponde a su edad. También mucha gente mayor que vive sola se ha sentido más sola, sobretodo las personas más dependientes. Los enfermos de Covid, los que sufren enfermedades graves, que tienen que enfrentarse a la posibilidad de no salirse con éxito, los que tienen un ser querido enfermo, todos ellos viven en soledad una situación traumática que deberán gestionar lo mejor posible.

La falta de relación empobrece, pero evitar una soledad constructiva también.

La soledad se admira y desea cuando no se sufre, pero la necesidad humana de compartir cosas es evidente.

Carmen Martín Gaite

 

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